Desde su surgimiento, Internet revolucionó la comunicación masiva y personal y se convirtió en el motor de la convergencia de medios. Dos factores fueron fundamentales: el acceso masivo de la conexión a Internet (luego de su abaratamiento y a los bajos costos de los equipos para conectarse, primero, en hogares y luego con terminales móviles) y la digitalización de los contenidos, mediante la cual la voz, las imágenes y los datos pueden ser soportados dentro de una misma tecnología y un mismo sistema.

Por su parte, en su libro “Convergence culture. Where old and new media collide”, Henry Jenkins , acuña el concepto de “convergencia cultural”, ya que considera que esa convergencia entre múltiples industrias, interfaces y audiencias (mejor descriptas como prosumidores ) implica un profundo cambio cultural. Múltiples herramientas y servicios profundizaron la interacción virtual, como la llamada Web 2.0 y actualmente las aplicaciones mobile.

La emergencia de la conexión a Internet móvil ha cambiado la manera en que las personas usan Internet y, en consecuencia, la manera en que interactúan entre sí. La movilidad brindó la posibilidad de estar de estar conectados todo el día todo el tiempo y en cualquier lugar. Las comunicaciones personales, los consumos de bienes culturales, entre otras actividades, de acuerdo a lo que sostiene Roberto Igarza (2009), se vuelven intersticiales, es decir, se realizan en breves pausas durante el trabajo, los tiempos de viaje en los medios de transporte público, las horas de clase, etc.

En síntesis, en medio de este proceso de cambio tecnológico y también cultural, diferentes investigadores propusieron categorías como “multitasking”, “transmedia” y “ubicuidad” para describir cómo las personas realizan (realizamos) múltiples tareas a la vez y en diferentes soportes y dispositivos, donde hay una resignificación de los contenidos y de su consumo y producción, que se da en “todo tiempo y lugar” y de forma “personalizada”.