Twitter podría considerarse como un híbrido entre lo oral y lo escrito. Si bien los mensajes son de texto, están regidos por las pautas de la oralidad, no sólo por el tipo de registro sino también porque a partir de ellos se generan conversaciones.

Walter Ong incluiría a este tipo de comunicación, al menos en un primer acercamiento, en “la era de la ‘oralidad secundaria’”. Para el historiador y filósofo inglés, la oralidad primaria era propia de las culturales orales que no tenían conocimiento de la escritura y la secundaria la que depende de la escritura y de la impresión para su existencia, como los teléfonos, la radio y la televisión.

En este sentido, y siguiendo la idea de la “segunda oralidad”, indica Ong, que este tipo de comunicación oral “posee asombrosas similitudes con la antigua en cuanto a su mística de la participación, su insistencia en un sentido comunitario, su concentración en el momento presente, e incluso su empleo de fórmulas”.

Otros autores se refieren a “la tesis del paréntesis de Gutemberg” , la cual sostiene que los cientos de años de escritura de la humanidad constituirían un paréntesis entre el mundo oral previo a su invención y esta “nueva oralidad” que se vive gracias a Internet.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que esa “nueva oralidad” convive y se relaciona con la escritura, no se puede comparar ni interpretar como la oralidad previa a su invención. La escritura no puede prescindir de la oralidad, de acuerdo a Ong, y las personas no sólo escriben, sino también hablan con la influencia de la escritura, lo que significa que “organizan, en medidas variables, aun su expresión oral según pautas verbales y de pensamiento que no conocerían a menos que supieran escribir”.

¿Cuáles son los aspectos de la escritura y de la oralidad que convergen en Twitter?
Para poder caracterizar la oralidad, se puede tener en cuenta la estructura conversacional desarrollada por Sacks, Schegloff & Jefferson (publicado en 1974), la cual hace foco en los turnos de palabras como base organizativa de la conversación espontánea. Ellos señalan catorce rasgos, su mayoría imprecisos, que necesitan de un contexto e inferencias por parte de los actores que participan para poder interpretarse. Se pueden resumir en los siguientes: la conversación es dialogal. En general, no habla más de una persona a la vez. Las transiciones más comunes entre un turno de palabra y el siguiente son las que se producen sin intervalos ni solapamientos. La distribución, el orden y la duración de los turnos de palabra no son fijos. La duración ni el tema de una conversación no se especifica previamente. El número de hablantes puede variar. El discurso puede ser continuo o discontinuo. Se utilizan diferentes unidades formales de construcción de los turnos (una palabra, una frase, una oración, etc.).

A su vez, los elementos no lingüísticos (extra o paralingüísticos) se articulan para crear el contexto particular en que se desarrolla un intercambio comunicativo verbal: los prosódicos –curva melódica, tono, timbre, volumen, ritmo, pausas–, las vocalizaciones -“ruidos” y expresiones difíciles de transcribir-, los kinésicos -gestos y ademanes- y los proxémicos -los lugares que ocupan y la distancia que mantienen quienes participan en una conversación-.

En cambio, la escritura plantea otras pautas totalmente distintas: una persona se vincula con un texto escrito de antemano por otra persona con la cual no se puede interactuar, al menos, no en el mismo momento en que se produce la lectura. El tiempo y espacio de escritura y de lectura no es el mismo y ambos tareas suelen ser procesos individuales, solitarios.
También hay aspectos de la gramática y del léxico que no deben pasarse por alto. Por ejemplo, en el lenguaje oral se tiende a decir frases cortas y simples con bajada densidad léxica, mientras que en el escrito las oraciones suelen ser más largas y complejas con un uso mayor del vocabulario.

En Twitter, los mensajes se caracterizan por ser “efímeros”, no porque desaparezcan sino porque se pierden en la “línea de tiempo” (Timeline) que reúne todos los tuits de los usuarios que sigue otro usuario. Su circulación es muy dinámica, pero estos pueden ser releídos y están disponibles en la cuenta de cada usuario -como sucede en cualquier soporte gráfico tradicional-, y también pueden ser compartidos en las cuentas de otros usuarios (retuit), lo que, además, amplifica su difusión. Todo eso indica que los mensajes son leídos por cientos o miles de personas a la vez en un mismo espacio virtual, lo que implica que la lectura no necesariamente es solitaria y que se puede interactuar con el autor de ese mensaje en tiempo real.
A partir de lo que se publica se generan conversaciones en las que su duración y su extensión no están definidas, como así tampoco el número ni orden de los participantes. Y si bien pueden darse en tiempo real, también puede suceder que la conversación se genere horas más tarde del mensaje disparador de la charla, una situación que no podría suceder cara a cara.

A su vez, cada mensaje puede incluir una etiqueta (hashtag) que lo identifique y lo catalogue para que cualquier otro usuario que realice una búsqueda relacionada a ese tema lo encuentre fácilmente y pueda generar una conversación.
Los emoticones y expresiones como “(?)” o “(¡!)” suelen usarse como elementos paralingüísticos para reemplazar lo que la presencia virtual no puede comunicar en comparación con la presencial, como gestos y expresiones y tonos de voz.

Esta breve descripción indica que las pautas de la oralidad son las que dominan el mundo Twitter por sobre las de la escritura; aunque hay que tener en cuenta dos aspectos fundamentales que le dan a esa oralidad, que no es presencial, y la escritura un nuevo matiz: el tiempo y el espacio virtual.
Respecto al espacio, lo virtual permite deslocalizar a los usuarios que no importa en qué lugar del mundo se encuentren (y lo mismo sucede con el tiempo y los husos horarios, por ejemplo) para interactuar y generar conversaciones.
Asimismo, el tiempo en que se generan los mensajes es en tiempo real, que tradicionalmente rara vez coinciden en la escritura y lectura.
En Twitter, los mensajes publicados pueden ser aislados o conformar una narración, y esa narración puede ser individual o colectiva (existen herramientas que facilitan la visualización de esas narrativas sociales). Es decir, se generan nuevas formas de creación y de interacción con otros usuarios que no podrían producirse en la era de escritura y oralidad analógica.

Estas posibilidades y nuevas características involucran competencias diferentes para leer, escribir y hablar en línea, donde impera la hiperconectividad. Esas competencias son necesarias para poder participar de la creación colectiva, la inmediatez y lal ubicuidad.

En conclusión, en base a las características indicadas, Twitter puede ser considerado un híbrido entre lo oral y lo escrito, pero presenta nuevas formas de leer y hablar en línea; de consumir y producir bienes culturales. Sería una especie de “oralidad terciaria”.

Esta “oralidad terciaria”, como ya he dicho, retoma las especificidades de la secundaria y suma elementos como la ubicuidad, las narraciones colectivas y la instantaneidad en los intercambios comunicativos virtuales. Es propia de las culturas letradas que conviven en un entorno online, que consumen y también generan contenidos y bienes culturales de forma participativa.